Tuesday, September 30, 2008

HABEROS QUEDADO EN CASA, CAPULLOS por Sandro Romero


Contra Escena
¡HABEROS QUEDADO EN CASA, CAPULLOS!.

25/09/08
Por:sandroromerorey

El domingo es el día de los guayabos maduros. E ir a teatro un domingo debe ser el equivalente a la antesala del infierno. Pero no. Cada vez más existe la posibilidad en Bogotá de ver obras escénicas el séptimo día, ideal para quienes estamos en temporadas artísticas durante la semana y no podemos disfrutar de lo que hacen nuestros colegas. Uno de esos espectáculos dominicales se ha venido presentando a lo largo del mes de septiembre de 2008, con un positivo “boca a boca”. Se trata de la nueva puesta en escena de Manuel Orjuela, compartiendo crédito de dirección con Marc Caellas: un particular divertimento titulado “¡Haberos quedado en casa, capullos!”, escrito por el español Rodrigo García. Una obra que no sucede en ningún espacio convencional, sino en un relajante “via crucis” por el Barrio La Macarena, el cual comienza en el patio de la Galería Valenzuela Klenner, continúa en el Bar “En Obra” y termina al frente y al interior del mismísimo apartamento del co-director Orjuela, situado en la Calle 25C con carrera 4ª.A, Apartamento 202. En Europa, este asunto se conoce como “Teatro en un Apartamento” y tiene bastante acogida entre las personas que quieren nuevas aventuras escénicas sin necesidad de sentarse en un palco de butacas. Orjuela ya se había internado en dicho tipo de experiencias en su destacada “Carta de una desconocida”, con un elenco femenino, a partir de textos de Stefan Zweig. En aquella ocasión el asunto lo denominaban “Teatro a domicilio” y fue una obra ampliamente difundida, la cual empezó presentándose en pequeñas habitaciones y terminó en temporadas nacionales e internacionales.

Ahora, el asunto es a otro precio con esta llamativa obra itinerante. Comenzamos con un monólogo femenino, interpretado con propiedad por la actriz Jimena Durán, a quien habíamos visto hace poco en la puesta en escena de “La muerte de un viajante” en el Teatro La Castellana. Frente a una niña que juega con una pelota (Valentina Monsalve), la actriz se dirige al público “como si fuera ella misma” y lanza una diatriba contra el orden del mundo y sobre el juego macabro de intercambiar las cabezas de los infantes. El público, que no supera la veintena de personas, mira, miramos, en silencio, entre sonrisas tímidas y callados acuerdos.

Quince minutos después, un guía nos invita a dirigirnos al Bar “En obra”, un par de cuadras adentro del corazón de La Macarena. Allí, algunos alcohólicos, trepidando por la resaca de la noche anterior, apuran un vaso de whisky, mientras comienza el segundo monólogo, en este caso el de la actriz Patricia Tamayo (acompañada por Margarita Hasbún), una mujer borracha que se baña en alcohol mientras le enumera a su supuesta madre todas sus desgracias. El resultado es impecable. Continuamos el recorrido. Apartamento 202. Nos acomodamos los espectadores, al borde del ventanal, mirando hacia la calle. El actor Carlos Gutiérrez, parado debajo de un árbol, grita hacia nosotros, hacia el edificio, como si fuera un borracho insoportable dándole cantaleta a una novia perdida. Pero no. Se trata de un borracho metafísico, que delira sobre la importancia de las palizas en los seres humanos. A juzgar por los resultados, se trata del bloque más hilarante y que tiene mejor complicidad con el público. El actor nos increpa, mientras pasan los carros, los ñeros y los transeúntes desconcertados.

Finalmente, nos damos media vuelta, nos sentamos en la sala del apartamento y allí somos testigos de los consejos que el actor Mario Duarte le da a su “hijo” Martín Fernández, quien no para de leer un libro, mientras su padre, bebiendo una lata de cerveza, lo insta a que trabaje y lo llena de sus propias experiencias, con ambiguas alusiones pornográficas. Duarte se va, el hijo lo sigue y, antes de perderse, el pequeño mira a los espectadores y nos insulta: “se hubieran quedado en casa, güevones”. Y chao. Aplausos cerrados.

No sé si “güevones” sea la mejor traducción de “capullos” al español (castellano, dicen en la península), pero el conjunto es muy agradable. ¿Hacia dónde va esta experiencia? Es un juego, sin lugar a dudas, pero es un juego muy bien escrito, con alta dosis de poesía “urbana”, con un concepto de puesta en escena que toma por sorpresa al público, lo saca de su neutral postura de espectador pasivo, y lo lleva a “compartir” un delirio que, a pesar de reconocer el artificio, se “vive” desde una perspectiva harto diferente.

Al final, concluimos que estamos viviendo fragmentos de un mundo interior desbaratado, de cuatro habitantes del universo que se dan contra las paredes para sobrevivir, en medio del humor, el caos, el absurdo y la desazón.

Luego de la temporada de “Simplemente el fin del mundo” de Jean-Luc Lagarce en la Casa del Teatro Nacional, el director Manolo Orjuela sigue con sus pesquisas, esperando que los juegos de la escena lo ayuden a entender una realidad que no tiene explicación.

En horabuena, capullo.

http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_blog=3630999&id_recurso=450012736

HABEROS QUEDADO EN CASA, CAPULLOS artículo en El Tiempo

La Macarena se transforma en escenario teatral

Haberos quedado en casa capullos es un titulo tan español que no parece adecuado para una obra que palpita en uno de los espacios más representativos de Bogotá: el barrio La Macarena.

No es un montaje tradicional, ni siquiera sucede en una sala o escenario, sino que emerge de un recorrido por el sector y por cuatro monólogos que suceden en diferentes espacios. Una galería de arte, un bar, la calle y finaliza en la propia casa de uno de los directores del proyecto.

Unas 15 sombrillas aguardan durante la obra, que comienza todos los sábados y domingos desde la galería Valenzuela Klenner y sigue un recorrido (con guía y todo) para los primeros 30 afortunados que llegan a la cita.
"Como es una obra que camina, tenemos que estar listos para cualquier eventualidad como la lluvia", dice Mark Caellas, un español que hace seis meses llegó al barrio para llevar a cabo un proyecto cultural y terminó dirigiendo la obra junto a Manolo Orjuela.
"El nombre de esta puesta en escena tiene algo que ver con el barrio porque ahí mismo sucede que estás en casa, vas a ver alguna exposición, tomas algo en cualquier sitio y sigues para encontrarte en algún sitio con los amigos", agrega.
En este caso, se trata de la sala de Orjuela en la que no hay amigos cercanos sino público que ha logrado finalizar el recorrido.
'Haberos quedado en casa, capullos' se puede definir como un montaje es un espacio no convencional, una trama nómada regida por las reflexiones de cuatro personajes que caminan y ven a la cara a quienes lo siguen. La puesta en escena original es del dramaturgo español Rodrígo García.
En su versión colombo-española, se ve en la galería de arte a la actriz Ximena Durán, quien hace el papel de una madre que le habla a su hija de 8 años acerca de un juego mental de intercambiar las cabezas de sus compañeros.
Una metáfora acerca de la educación y la necesidad de pensar por sí mismo.
Sigue una caminata que termina en un bar en el que hay dos mujeres que tratan de exorcizar las presiones familiares con un par de tragos: a Patricia Tamayo y Margarita Hazbum, las protagonistas, les ha tocado hasta recibir licor de verdad de uno que otro asistente que se ha conectado mucho con la trama.
"Creo que esta obra se acerca a lo que en Italia llaman teatro de la persona, ese que se dirige al público como individuo y no como asamblea. Hay que lidiar con lo inesperado, pero se ve a los ojos de los espectadores. No hay oscuridad ni luces que esconden las miradas", comenta Caellas.
De la historia etílica de madre e hija se pasa a la de un loco que analiza el sentido de las peleas (palizas, como le dice Mark Caellas). El actor Carlos Gutiérrez se camufla en la piel de un habitante de la calle, que recalca que los puños también son una manera de dialogar.
El ciclo se cierra con el texto del actor Mario Duarte, el mejor amigo de Betty la Fea y ex vocalista de la banda de rock La derecha, que, como dato curioso, está viviendo su primera experiencia teatral en esta obra.
Duarte hace las veces de un padre que escucha la idea de su hijo de ocho años acerca de trabajar hasta los 15, para después disfrutar de la vida. Un final duro y con ciertos toques de humor negro que al final trata de redondear la idea de que los niños son como mercancías de sus padres. "Ese es el monólogo más largo", agrega el director español.
La obra va estar los fines de semana repitiendo ese recorrido hasta finalizar este mes, lidiando con los imprevistos, los carros que aparecen como accesorio a una escenografía de concreto y pavimento.

Sábados y domingos en los que se revela la fuerza que hacen sus dos directores (Orjuela y Caellas) para que no se tengan que abrir los paraguas en caso de lluvia, en una zona que como el título del montaje, hace referencia a España pero está clavada en el oriente bogotano.
A la obra se puede acceder en la galería Valenzuela Klinner (carrera 5 26 -28). Las boletas para los primeras 30 personas tiene un costo de 15 mil pesos.

Publicado el 16 de sept de 2008
ANDRÉS HOYOS V.CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

http://bogota.vive.in/enescena/bogota/articulos_teatro/septiembre2008/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_VIVEIN-4531242.html

Thursday, September 18, 2008

HABEROS QUEDADO EN CASA, CAPULLOS! Entrevista Rodrigo García en El Espectador

http://www.elespectador.com/impreso/cultura/articuloimpreso-tras-pista-de-cuatro-monologos

Cultura 11 Sep 2008 - 9:35 pm
Tras la pista de cuatro monólogos

Haberos quedado en casa, capullos surgió como un encargo para un festival de teatro en España. Aprovechando que ese encuentro se desarrollaba en varios escenarios, Rodrigo García, el dramaturgo, quiso hacer un montaje que se viera por capítulos. Fue así como creó cuatro monólogos con un hilo conductor pero finalmente, según el mismo García, nunca resultó ser una historia continua.

Ahora en Colombia, un grupo de amigos actores, bajo la dirección de Manuel Orjuela y Marc Caellas, retoma este montaje. Ellos son Jimena Durán, Valentina Monsalve, Patricia Tamayo, Margarita Hasbún, Mario Duarte, Martín Fernández y Carlos Gutiérrez. Su versión de la obra se toma varios espacios del barrio La Macarena de Bogotá, donde hacen un recorrido con los monólogos que hablan sobre la familia, el trabajo, la educación entre otros temas de la sociedad. La obra se presenta los sábados y domingos de septiembre partiendo desde la galería Valenzuela y Klenner.
García define la propuesta como una necesidad expresiva, más que una nueva forma de hacer teatro. “Nunca hemos buscado nada por ser novedoso o resultar original. Esas cosas no calan profundamente, no te puedes fiar de lo aparente. A veces acertamos con la forma, a veces fallamos. Por el contrario, los que trabajan desde la forma, tienen el fracaso garantizado: sopla un aire y se cae el castillo de naipes”, afirma.
El dramaturgo, ausente en esta nueva versión de su creación, respondió desde España una serie de preguntas que finalizaban con la siguiente frase: “Si usted va a cortar alguna parte de mis respuestas, por favor: no publique la entrevista. No soporto la censura. Yo no cobré por hacer esto. Tengo derecho: o pone entero todo lo que le respondo o no ponga nada. Gracias”.


1. ¿Por qué hacer una obra que se desarrolle en diferentes escenarios?
Fue un encargo de un festival. Querían una obra y yo intenté aprovechar que el Festival tenía varios espacios. Me pedían una obra y yo intenté hacer algo así como una serie. En capítulos. Me gustaba la idea de serie, pero en teatro. Teníamos las referencias de Twin Peaks y antes de Berlin Aletxanderplatz de Fassbinder. Lo intentamos y no funcionaba. Era complejo hacer eso. De todas maneras busqué elementos en común que podían hacer de hilo conductor entre los monólogos. No conseguí contar una historia, fueron varias historias con algunos detalles que te hacían pensar que se trataba de una serie, pero realmente fui incapaz de contar una historia.


2. ¿Es esta una nueva propuesta de hacer teatro?
Es una necesidad expresiva. Nunca hemos buscado nada por ser novedoso o resultar original. Esas cosas no calan profundamente, no te puedes fiar de lo aparente. Expresamos conceptos. A veces acertamos con la forma, a veces fallamos. Por el contrario, los que trabajan desde la forma, tienen el fracaso garantizado: sopla un aire y se cae el castillo de naipes.


3. Según me han contado, usted prefiere trabajar con personas, mas no con personajes ¿A qué se debe esta preferencia?
El teatro es tan estúpido, arcaico, inútil, egocéntrico y simple que hay que derribarlo y, en los lugares fértiles que asoman entre los escombros, sembrar. Hablar de personas en lugar de personajes es una -entre tantas- de mis propuestas-semilla.


4. Cristina Rota, quien dirigió este montaje en España afirma que es una crítica a “la deshumanización de un mundo que predica la bondad” ¿Qué opinión le merece este comentario? ¿Esta era su intención cuando escribió los monólogos de la obra?
Nadie necesita que yo sea “su voz”. Escuchas la radio, ves la tele: todo son mensajes parecidos. Yo intento mostrar las cosas desde otros ángulos, menos usuales. ¿Es mala la prostitución infantil? Yo debo defender que es muy positiva, para la economía de los niños, etcétera. Tengo que argumentarlo, aunque no lo comparta. Eso hace rabiar al público. Y empieza el debate. Sabemos que muchos de los que enfurecen, tienen relaciones sexuales con menores. Pero enfurecen. Eso es interesante. Hablar de las cosas con simpleza. Y que la gente se asuste ante sus propias vergüenzas.


5. ¿Cómo cree que el público colombiano pueda interpretar esta propuesta teatral?
El teatro no significa nada. Y menos en un país donde se asesina con bastante naturalidad e impunidad. El teatro no es nada. Hay que arreglar asuntos más importantes. De educación, sanidad y sobre todo de distribución de la riqueza. Luego hacemos teatro, si quiere. Conseguir que la vida de un colombiano valga lo mismo que la de un francés es algo importante. ¿Por qué la vida de un colombiano vale mil veces menos? Porque los que gobiernan son corruptos. ¿Por qué son corruptos? Por la oligarquía y el negocio de las drogas y el peso del ejército y del clero . ¿De qué sirve el teatro? De nada. Primero hay que solucionar asuntos de vida y muerte. Si usted va a cortar alguna parte de mis respuestas, por favor: no publique la entrevista. No soporto la censura. Yo no cobré por hacer esto. Tengo derecho: o se pone entero todo lo que le respondo o no ponga nada. Gracias.

HABEROS QUEDADO EN CASA, CAPULLOS artículo en CAmbio


Una obra itinerante por cuatro lugares del barrio La Macarena es una propuesta que no puede perderse

Jimena Durán (en la foto) y Patricia Tamayo interpretan monólogos existenciales y casi absurdos. Foto: Fernando Ariza / Cambio

La combinación de un director de teatro español (Marc Caellas), que viene con los textos irreverentes de Rodrigo García, junto a Manolo Orjuela que innovó en su adaptación de Cartas de una desconocida con la idea del teatro a domicilio, produce esta curiosa obra de teatro -Haberos quedado en casa capullos- que acontece en cuatro escenarios distintos de La Macarena, en el centro de Bogotá. Inicia en el patio de la galería Valenzuela & Klenner con un monólogo por Jimena Durán. Los comentarios desquiciados de una joven a quien su hijita le juega detrás abren el panorama para una obra de humor negro. La joven diserta sobre el malestar que le produce reproducir las ideas de los otros, sin siquiera entenderlas, sin dudar. Se imagina qué sería de todos si un día al llegar al colegio a dejar a la niña, hubiera un evento tal que todos quedaran descabezados y el choque espantoso y sangriento de los cuerpos hiciera que todos terminaran con la cabeza equivocada, repitiendo ideas de los otros, ridículamente.
El recorrido sigue en el restaurante En Obra. En la barra, Patricia Tamayo levanta la voz en exceso, con claros síntomas de exceso de tragos. A su lado, alguien simplemente está inconsciente. En un delirio de licor expone el patetismo de su soledad, de su desastre de afectos, se ríe y sigue, lanzándole dardos a lo bueno y lo malo de todo, de todos. Concluye, eso sí, con la sabiduría popular de que mejor solo que mal acompañado.
Los espectadores, escoltados por un chico que lleva paraguas por si las moscas, siguen su camino hacia un edificio a dos cuadras al sur. En un segundo piso de un apartamento, el público está invitado a recargarse contra la ventana y a mirar hacia afuera. Aparece en la calle, un hombre (Carlos Gutiérrez) que echa un discurso sobre las palizas que recibe quien está en la calle, y que empeoran si no se es gobiernista...
Finalmente, en el mismo apartamento, un niño lee juiciosamente en la sala. Aparece su padre (Mario Duarte) quien le dice enfático que mañana no irá al colegio, que eso no lleva a nada bueno y con esas palabras sigue un monólogo en donde entremezcla sus recuerdos de niñez, su soberbia y su pragmatismo, en un discurso a la larga divertido sobre todo porque para el niño todo lo que divaga su padre lo tiene sin cuidado.
Todo es claramente incoherente, punzante y con algo de verdad sobre el absurdo de la vida. Queda una curiosa sensación de 'qué estuve haciendo acá', pero ese es justamente el éxito del experimento de monólogos, haber reunido a unas cuantas almas descarriadas que tal vez se identifican con algunas de las palabras y las soledades allí expuestas.

FICHA TÉCNICA'Haberos quedado en casa capullos'
Dirección: Marc Caellas y Manolo Orjuela
Basada en un texto de: Rodrigo García
Reparto: Jimena Durán y Valentina Monsalve, Patricia Tamayo, Carlos Gutiérrez, Mario Duarte y Martín Fernández.
Sábados y domingos, 5 p.m., Cra 5 No. 26-28.
En la página web de Cambio

Sunday, October 14, 2007

25 AÑOS MENOS UN DÍA por Alberto Soria



EL UNIFORME
Como íbamos a participar en una obra de teatro, nos mandaron al fotógrafo Nelson Garrido y a un servidor, a comprar los uniformes. La idea fue de Marc Caellas, escritor y promotor cultural catalán. El año pasado dirigió en Caracas “La Cena”, y ahora “25 años menos un día” de Antonio Álamo. Como Álamo escribió también “La oreja izquierda de Van Gogh”, y ha ganado sopotocientos premios, estábamos entusiasmados imaginando las reseñas y fotos en Sociales, donde íbamos a destacar por los uniformes.
Primero fuimos a un sitio especializado en uniformes de cocineros. “Talla XL no hay” gritó alguien tan pronto transpusimos la puerta. “Ya no se fabrican sino ese, medium y papeado” nos explicó un vendedor veterano más amable, experto en tallas. La revolución de la delgadez, si en algún sitio ha triunfado a golpe de prometer pantalla y pasarela, ha sido en la cocina.
¿Los señores trabajan en la televisión? nos preguntaron en el lujoso local de uniformes para chefs del super centro comercial. “¡Ajá con que se nota¡” dijimos. Lo que se notaba –nos enteramos después- era que de cocinar no vivíamos.
El problema fue el color. Resulta que el blanco está en retirada. Ahora que el cocinar es más cercano a Picasso, que a un estofado, los códigos y ritos han cambiado. Cualquier color en el uniforme vale. Cualquiera escoge los colores de los botones. En el pasado, el blanco impecable del uniforme estaba unido a la noción de higiene y pulcritud, y el color de los botones a las jerarquías en la cocina. Eso ya no va.
El gorro tradicional (la toque, en francés) ha sido sustituido por cosas más prácticas y personales: Pañoletas de firma –al estilo pirata– cachuchas de pelotero, gorras deportivas y sombreros.
Y el delantal (le tablier, en la profesión), ya no es blanco. Puede ser negro, rojo, amarillo, verde, vino tinto, marrón, azul, y de blue-jeans. Al estilo de los pilotos de fórmula 1, todo tipo de logos, banderas y emblemas pueden ser pegados en cuanto espacio disponible exista.
Antes en la cocina, el derecho a usar los colores de la bandera nacional en el cuello del uniforme era un galardón que se ganaba después de muchos concursos. Ahora uno puede pegarse la bandera propia, la de la novia y la que más le guste para pantallar, sin tener que pedirle permiso a nadie.
Que en la cocina el uniforme ya no es eso, lo verificamos fácil esta semana. En la televisión colombiana, un conocido periodista talla 3 XL, entrevista a sus invitados disfrazado de chef. Su chaqueta es amarillo fuego, o verde cacatúa. Hasta el entrevistado más espectacular luce opacado.
En Dublín, durante el desarrollo del 32º congreso bienal de la WACS (Asociación mundial de las sociedades de cocineros) Nueva Zelanda sacudió a la convención presentándose vestida de riguroso negro. En el mar blanco inmaculado de las delegaciones de cocineros del mundo –cuenta el maestro Matteo Gaffoglio– los blancos chefs de Nueva Zelanda uniformados de negro y con emblemas, eran como una mancha. Le llevamos al director Caellas unos uniformes rojo sangre, escogidos por Garrido que es especialista en rojos. Fue un fracaso. Ahora andamos buscando obra en la cual debutar.
Alberto Soria

Wednesday, July 11, 2007

25 AÑOS MENOS UN DÍA en Sala de Espera


25 AÑOS MENOS UN DÍA

"Nos gustaría que, en la representación del texto que sigue, los actores reprimieran en lo posible sus innatos deseos de suplantar la personalidad de otros individuos y se limitaran a seguir las instrucciones. De hecho, es ésta una obra concebida para eludir todo atisbo de interpretación”

Según David Mamet, conocido autor norteamericano, un buen actor debería cumplir con tres características básicas: llegar puntual a los ensayos, saberse el texto de memoria y estar abiertos a lo que pueda ocurrir sorpresivamente en el escenario. Bajo esta premisa, podríamos acercarnos al tema central de la pieza del autor español Antonio Álamo “25 Años Menos 1 Día”, que se estará presentando en Venezuela durante el mes de Julio en el centro cultural Corp Group.Esta singular obra, ganadora del premio Born 2005, se inspiró en una anécdota real ocurrida durante la última presentación de una pieza teatral de principios del siglo pasado llamada “The Tea is Ready”(El Té está listo), que estuvo 25 años menos un día (1920-1945) en las carteleras de Londres. Durante su última función, tuvo lugar una situación única que no sólo vale la pena narrar como anécdota curiosa, sino que además pone en entredicho el oficio del actor.Cuentan que en el intermedio de esa última función de “The Tea is Ready”, uno de los actores del elenco abandonó inesperadamente el escenario porque le perseguía la policía Scotland Yard. En el entreacto, el autor de la pieza habló con uno de los miembros del elenco y juntos decidieron buscar entre el público alguien que se pareciera al actor ausente, para así poder continuar con el segundo acto de la función. Con suerte, encontraron al hombre indicado para la sustitución y confiaron que este novel intérprete podría decir los dos textos que le quedaban en la obra: “El Té está listo” y “No dejes que me maten”.La pieza “25 años menos 1 día” está escrita en clave de comedia de enredos y su texto reflexiona sobre el oficio del actor. En escena, el personaje del autor asegura que “cualquiera puede ser actor”. Incluso, habla de que los actores están sobrevalorados y asevera que cualquier persona, bajo las direcciones adecuadas, puede interpretar el personaje que se le pare enfrente.Antonio Álamo declaró en una oportunidad que la obra ganadora del premio Born 2005 (uno de los más prestigiosos en España) marcó un punto de inflexión en su carrera, por el tono cómico en el que está escrita. “En anteriores trabajos había humor, pero era más negro, soterrado, entre líneas”. “En este caso –agregó- el humor es la estrategia principal, el juego está en primer plano”.Luís Pascual, presidente del jurado del premio, halagó la pieza por la eficacia de su partitura escénica, su elaborada carpintería y su ritmo. “Una obra que refleja el teatro dentro del propio teatro, con sus pequeñas y grandes miserias, que critica el mundo imperante, elaborada con ironía, inteligencia, solidez formal y algunas dosis de cinismo”, afirmó.El director del montaje, Marc Caellas, considera que aunque la postura del autor es un poco exagerada, no está del todo lejos de la realidad. De allí que asegura, si se mira con buen humor, esta propuesta puede sacarnos unas cuantas carcajadas. “Es una comedia distinta a lo que suele verse en nuestra cartelera, un poco más exigente con el espectador. El planteamiento estético es muy interesante y ofrece un entretenimiento que se toma tiempo para reflexionar sobre el teatro y el oficio de actuar”.“25 Años Menos 1 Día” será la tercera obra de Álamo que se monta en Venezuela. La primera fue “Pasos” dirigida por Juan José Martín en el TET. Luego vino el estreno de “Yo Satán”, que se presentó el año pasado, también bajo la dirección de Juan José Martín.La iniciativa de montar esta tercera pieza surgió luego de un ciclo de lecturas dramatizadas, que organizó el círculo de escritores de Venezuela en presencia del autor español. Dicho evento coincidió con el exitoso estreno de “Yo Satán”, el cual abrió la posibilidad de montar otro de los trabajos de Álamo en el país.“Al autor le gustó mucho la versión que se hizo de su trabajo. Disfrutó tanto de nuestra propuesta, que cedió los derechos para estrenar mundialmente la pieza “25 años menos un día” en Venezuela, incluso antes de montarla en España, porque en su tierra natal no ha encontrado al actor principal perfecto para llevar el peso de la pieza”, comentó Caellas.En la versión local, Luigio Sciamanna encarnará al actor principal y compartirá escena con María Fernanda Ferro, Giovanni Realli, Kathy Cardoso, Sara Valero, Claudio Laya y Antonio Delli, a quien la obra le ha resultado un verdadero deleite. “La pieza es muy sabrosa, rebosante de un humor muy fino, el texto está muy bien escrito, pues de una vez te da todas las aristas que como actor debes manejar para interpretar al personaje. Siendo teatro dentro de teatro, el personaje te da chance de probar dos caracterizaciones distintas en función de una sola historia, son personajes dentro de personajes, el texto plantea una situación sumamente jocosa”.

Antonio Álamo.
En el historial de obras de teatro de Antonio Álamo se incluye: “La oreja izquierda de Van Gogh”, Premio Marqués de Bradomín 1991; “Agujeros”, 1992; “Los borrachos”, que resultó merecedor del premio Tirso de Molina, del Premio Ercilla al mejor montaje del año y del Finalista del Nacional de Literatura, con presentaciones en México, Argentina, Italia, Francia y Chile; “Pasos”, Premio Palencia 1996, estrenada en España, Venezuela y Argentina; “Los enfermos”, Premio Born 1996, montada en España y Francia, se ha traducido al catalán, al francés y, más recientemente, al rumano; “Grande como una tumba”, Premio Caja de España 2000; “Caos” (2000), que superó las trescientas representaciones y que fue estrenada en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en la edición pasada; “Yo Satán” (2005), basada en su tercera novela, que ha conocido diversas ediciones y ha sido traducida al ruso, se encuentra de gira y ha sido estrenada en Venezuela, y, por último, “Veinticinco años menos un día”, con la que ha ganado el premio Born 2005. Su obra dramática ha sido traducida al francés, rumano, catalán, árabe, italiano e inglés.

Publicado en Sala de Espera, por Carlos Armas
http://www.saladeespera.com.ve/wordpress/casos-y-rostros/25-aos-menos-1-da/

Thursday, May 03, 2007

EL AMOR DE FEDRA Artículo en El Univesal




El amor de Fedra": violencia para combatir la violencia

"El amor de Fedra" critica a la religión sin fe y sin espiritualidad (Oswer Díaz)
El montaje del TET se presenta hasta el próximo 29 de abril en el Country Club
Allí está el público, encerrado en la misma habitación donde Fedra se le insinúa sexualmente a su hijastro; en el mismo confesionario donde un sacerdote tratando de "salvar" el alma de Hipólito deja al descubierto la hipocresía de la religión sin fe. El espectador es testigo de un linchamiento, poco antes de ser botado como perro del lugar del crimen, tras el cual Fedra, su hija e hijastro, yacen sin vida en un ambiente en ruinas.
Es el espíritu humano. Un escenario de guerra. Se trata de un laboratorio donde el espectador es el ratón blanco.
El amor de Fedra (1996), de la dramaturga inglesa Sarah Kane (1971-1999), es un texto duro pero su puesta en escena lo es aún más. La escritora bebió de la tragedia griega y en su convulsión de muerte llegó a esta pieza que confronta al espectador con diversos temas de su consciente y subconsciente. Además, la puesta en escena del TET, bajo la dirección de Marc Caellas, deja entrever una crítica a los medios de comunicación, alienantes, superficiales, que explotan el morbo de los seres humanos.
Fedra (María Fernanda Ferro) está enamorada de Hipólito, su hijastro, para el común de los mortales un desadaptado social, un loco, pero con una capacidad impresionante de decir verdades que hieren. Estrofa, hija de Fedra, advierte a su madre sobre lo inadecuado de su amor, pero la pasión no sabe de excusas o de acciones políticamente correctas. Al ser rechazada por Hipólito (Alexander Letterni), Fedra acaba con su vida dejando una nota donde acusa al hijastro de haberla violado, lo cual culminará con el linchamiento del presunto criminal.
La propuesta del TET se inicia desde el momento en que el espectador aborda una camioneta por puesto hasta el lugar del montaje. De la realidad real a la teatral, de la violencia cotidiana a la violencia radical que busca exorcizarla, ponerla a la vista para que no acabe con el individuo.

El amor de Fedra se presenta los sábados y domingos a las 5:00 pm. Las entradas están a la venta en Esperanto del Centro San Ignacio, desde donde sale el transporte 15 minutos antes de cada función. Actúan también: Clarissa Sánchez y Ludwig Pineda.

Hipólito en su celda


Fedra en el cuarto de Hipólito




Fedra y Estrofa


Estrofa pinta


Fedra habla con el médico de la familia


Los policías, Xavier y Claudio


En una quinta del country club


EL AMOR DE FEDRA artículo en El Nacional


EL NACIONAL - Domingo 01 de Abril de 2007
Escenas/7

Suicidios, linchamientos, violaciones y asesinatos en una vieja mansión de Caracas
EDGAR ALFONZO­SIERRA

Pareciera que la línea más corta entre la tragedia clásica y la contemporaneidad está en la crónica roja. Es burdo decirlo, pero un caso extremo lo recuerda: una familia en un viejo caserón del Country Club fue aniquilada totalmente en sus propios venenos. Fedra, la nueva esposa del poderoso Teseo, quiso aplacarse sexualmente con el hijo de éste, Hipólito.Pero él –ocioso heredero, seductor, cínico y nihilista, un angélico maldito que dice todo lo que piensa y cuestiona la hipocresía social– la rechazó.Fedra, un personaje externo a ese medio, se venga consigo misma y con él. Comete suicidio y deja una nota en la que lo acusa de violación. La gente se indigna. La iglesia intenta redimir al joven, pero cae de rodillas ante su bragueta.Luego, la malaventura se derramará roja desde la escalera central de la mansión.El amor de Fedra, de Sarah Kane, una implacable revisión del relato canónico de Séneca, es adaptada a Caracas por Marc Caellas en una de las claves que ya presentara este director en su anterior pieza, La cena (Sala Plural, Centro Trasnocho Cultural, 2006): espacios no convencionales.Esta vez, una casa semiabandonada. La decadencia del lugar, sus implicaciones históricas, la clase que allí habitó se filtran en las acciones y hacen más compleja su lectura.La pieza se construye en cinco escenas a través de diálogos cortantes, secos, muy contemporáneos y un estallido final funesto. Dan vida a los personajes los actores María Fernanda Ferro (Fedra), Ludwig Pineda (Teseo, entre otros papeles que interpreta), Alexander Letterni (Hipólito) y los acompañan alumnos de los talleres de la agrupación Taller Experimental de Teatro. Su vestuario está a cargo del dúo Ghetto Creativo.Los artistas escriben que esta obra no es un entretenimiento culto sobre la tragedia griega, sino un quirúrgico acercamiento a la brutal realidad que, a través de medios de comunicación idiotas, ameniza la vida propia.La obra remite directamente a su autora Sarah Kane, un nombre fundamental en la dramaturgia británica. Suicida a los 28 años de edad (vivió entre 1971 y 1999), dejó una obra de 5 piezas para teatro y un cortometraje. Sufrió una compleja personalidad depresiva. Con El amor de Fedra descompone a la aristocracia y a la nobleza ingleses, y a través de ellos habla de problemas generales de su sociedad, comunes a todo ser humano.Kane, informa Caellas, aspiraría a ser como el Hipólito de su obra, un ser tan sincero como preclaro que no puede ni parece querer sobrevivir a un mundo en náuseas. No casualmente es un personaje al que a pesar de escupir en todas las caras, desde la baranda del espectador, se le perdona.
El amor de Fedra de Sarah Kane Dirige Marc Caellas
Actúan María Fernanda Ferro, Ludwig Pineda, Alexander Letterni y alumnos del TET
Del 1° al 29 de abril Sábados y domingos, 5:00 pm Bs 20.000 Entradas en la discotienda Esperanto Salida en transporte desde el centro comercial San Ignacio a las 4:45 pm Teléfono: 662 3633

Sunday, August 13, 2006

LA CENA por Carlos Herrera






LA CENA28/06/06

Bajo una producción independiente que cuenta con el apoyo del Centro de Creación Artística del Taller Experimental de Teatro (TET), con éxito abrumador de público y manteniéndose por espacio de tres semanas consecutivas, el joven director Marck Caellas ha venido mostrando en escenificando en El Espacio Plural del Trasnocho Cultural (centro Comercial Paseo Las Mercedes) su delicioso montaje titulado “La Cena” del dramaturgo y guionista de cine italiano Giuseppe Manfridi. La trama es sencilla en su lectura superficial: en el transcurso de una noche, a la espera de lo que será una inquieta velada, un ceñudo padre indica a su lúgubre sirviente, Fangio, sobre los preparativos finales que tendrá que acometer para la preparación de una cena. Esta tiene como características que más allá de su sobriedad es para generar el reencuentro con su hija, Giovanna quien, había abandonado tanto su a casa como su progenitor después de que este se incidiese y afectase en lo que había sido su primer matrimonio. En este regreso bastante tenso, la hija retorna con su nuevo esposo Francesco, un joven de clase social inferior que se ha contraído nupcias con Giovanna sin saber nada de su pasado. Llegados a la casa, la cena está lista y la trama se desenvuelve colocando en una máxima tensión a los cuatro miembros que estarán esa noche. En el juego de revelaciones, se observa como el calculador padre, siempre hermético y con un carácter perverso en su sus maneras lúdicas de hacerle saber los defectos a Francesco, hará que la verdad de Giovanna se devele. Un desenlace imprevisto será el producto de una serie de mensajes ocultos que lentamente son develados y todo el andamiaje de las interioridades de un sistema de relaciones intrafamiliares se desmorona ante los ojos atónitos del espectador que, a manera de invisible comensal, por momentos, tendrá en sus manos el decidir ¿quién tenía la razón o no en este extraño encuentro? y hasta de sorprenderse por la sinuosa madeja de relaciones subyacentes de poder, aceptación y revelación en una Cena como pocas. Un final trágico marca una urdimbre rebosante de absurdidad, humor negro y lógicas intelectuales. Caellas un atrevido amante del teatro ya había asumido la escenificación de esta pieza de Manfridi en la pasada edición de un Festival en la ciudad de Miami donde capturó la aceptación de público y obtuvo buenos comentarios de la crítica especializada. Su labor en un espacio no convencional fue pulcra en otorgarle el máximo peso a dos elementos: una carga de atmósfera de corte intimista donde luz, disposición del espacio y adecuación musical generan esa magnética sensación de que el espectador está departiendo con esta singular familia pero sin intervenir. También por la aguzada exigencia de trabajar con el grupo actoral para que con gestos, poses, miradas, silencios, dejos, y desplazamientos se conectase a la recepción de cada comensal-espectador. No hay concesiones gratuitas ni efectismos superfluos, cada actor genera un estado particular con sus diálogos y acciones que calladamente involucra al receptor. Caellas solo permite que veinticinco personas estén alrededor de una gran mesa y de ahí se integran al espectáculo. La esencia es que cada quien se magnetice, se interne en lo más profundo de los vericuetos de una historia que se va desgranando lentamente y que revela poco a poco se revela para crear hasta cierto grado de estupor en el horizonte de expectativa de cada quien. El ritmo de la puesta en escena es comedidamente pausado, a fin que lo orgánico o visceral de las verdades salgan a flote escena a escena y ello construye un todo significante que si lo vemos con detalle se origina de algo tan sencillo como una verdad oculta. La clave es que esta verdad sea revelada en tomo de suspenso y que la representación efectuada por cada actor la sepa colocar en su punto más álgido. La dirección apeló al lúcido desempeño histriónico de Alejo Felipe (como el padre) quien con grave acento y fuerza de voz así como una perversa manipulación de las situaciones sabe desplegar todo un abanico de interacciones con ese grave mirar sobre la conciencia receptiva de cada comensal / espectador. María Fernanda Férro (Giovanna) desenvuelta en la construcción como Giovanna, es parte cómplice de esa verdad que al final se revela. Ella con buena presencia y fluido ritmo expresivo también construye un personaje que es parte esencial de la trama. Antonio Delli -como Francesco- supo sacarle buen partido a su papel ya que pasa de ser un inocente y desprevenido invitado a ser catapultado al lúgubre juego de esas pasiones contenidas. Finalmente, la caracterización del sirviente Fangio dada por el excelente actor, Ignacio Márquez supo concretar esa imagen siniestra que sabe todos los vericuetos de una verdad que se va levantando y que a la postre dejará su marca en lo tragedia de cierre. Todos actores y dirección arman un trabajo de equipo artístico bien afiligranado donde el meollo del género del thriller se abre como oscura ceremonia de revelaciones. Montaje que funciona como un teorema ante nosotros. Una cena muy formal en su forma pero que no es obvia si es que se nos ocurre tratar de descifrarla a las primeras de cambio. Un espectáculo que “va más allá de ser un acomodaticio divertimento de fin se semana” y se propone como un encuentro de insospechadas vertientes para el público que espera algo fácil de engullir en eso que denomino el consumo facilista que muchas otros montajes tienen como recurso de primera mano. Caellas fue contundente en eso de exigirle a su plantilla actoral una aplomada capacidad de crear tensión, de levantar momentos álgidos en muchas escenas y de saber dosificar la función / acción de cada personaje como regulador de resolución de la trama. Con dos copas de vino, una hora y media de suspenso, La Cena se convierte en una impecable producción teatral que anima la cartelera teatral del fin de semana. ¡Vaya y convídese a este festín escénico! El espectáculo le agradará o lo desconcertará pero, eso si, no le permitirá salir apático. “La Cena” es una de las propuestas más atractivas y sugestivas que usted, amigo lector y espectador puede optar para este fin de semana. ¡Se la recomiendo!
Por: Carlos Herrera
critica@cantv.net

LA CENA por Alberto Soria

Publicado en http://www.mipunto.com/
La Cena, una obra de Giuseppe Manfridi ha llegado al teatro en Venezuela de manos de Marc Caellas, y beben vino a sorbitos en ella los actores, y con placer también los espectadores.
Caellas ya había montado La Cena en Miami bajo el aura de Antoni Miralda (el antropólogo de la comida, que el arte prestó a la cultura) con similar éxito de público, crítica y vinos. Ahora lo hace en el Trasnocho, del centro comercial Paseo Las Mercedes.
Se trata de una trasgresora obra de teatro de la persona. Como explican los críticos italianos, este teatro es aquél donde los actores en lugar de hablarle a los espectadores, lejanos y en auditorio, los tienen al lado y se dirigen a él como individuo.
Cuando el autor Giuseppe Manfridi escribió La Cena la imaginó como un espectáculo durante el cual no se oyera volar ni una mosca, sino, a intervalos, alguna previsible carcajada. Eso, estrictamente es lo que ocurre.
Los escasos veintidós espectadores que pueden participar en cada cena, beben vino con los actores, comedidamente, en pequeños sorbos, mientras tratan de imaginar el final que siempre los sorprende.La acción se desarrolla a medida que los platos se alternan en la cena, en la cual hace de anfitrión un padre astuto, irónico, que recibe con vajilla de honor y estruendo a su muy sexual hija acompañada por su nuevo novio, mientras un sorprendente sirviente los atiende, y sirve vino a su patrón y a los espectadores, cosa que por primera vez ocurre en el teatro en Venezuela. En la obra de un poco más de una hora de duración, el espectador tiene la oportunidad de disfrutar las interpretaciones del veterano primer actor Alejo Felipe (el padre), la personalidad y el atractivo de la actriz María Fernanda Ferro (la hija), la revelación de Antonio Delli (el novio), y la ingeniosa y sabia gestualidad de Fangio, el sirviente (Ignacio Márquez). La escenografía ha sido montada, con su tradicional irreverencia, por Nelson Garrido.
Alberto Soria

LA CENA en el Espacio Plural de Trasnocho Cultural





En el Espectador

Si las instituciones culturales no tienen un marcado crecimiento en cantidad, calidad y espacio están condenadas a desaparecer o quedarse rezagadas con sus vitales servicios a la comunidad, sean privadas o públicas u oficiales, y por ende su desaparición está anunciada o garantizada, ya que los colectivos crecen y piden o exigen no sólo más sino siempre lo mejor y no aceptan mediocridades. Y eso rige para todas las naciones desarrolladas o para las que van más atrás y pretenden alcanzarlas.El fantasma de que eso pueda llegar a sucederle a la Fundación Trasnocho Cultural no deja dormir a su gerente general Solveig Hoogesteijn y por lo tanto ella se las ingenia, cotidianamente, para que esa “burbuja” que mora en los sótanos del Centro Comercial El Paseo Las Mercedes siga en expansión y en función de la demanda de los espectadores y de los artistas que han transformado a dicho espacios en el Ateneo de Caracas del siglo XXI... y no es precisamente una cortesía.Ante esa “sana presión” que, desde hace cuatro años, están aplicando los teatreros para la creación de otra sala, diferente a la que se conoce como Teatro Trasnocho, donde se pueda exhibir un género de espectáculos alternativos ante los que anidan en la ya tradicional cartelera comercial, ahora sí se está utilizando un “espacio alterno” o “múltiple”, que además sirve para programar conferencias y talleres, como sala provisional de teatro. Ahí, precisamente, acabamos de ver el montaje La cena, de Giuseppe Manfridi (Roma, 7 de marzo 1956), puesto en escena por Marc Caellas y con los capaces y versátiles comediantes:Alejo Felipe, Antonio Delli, María Fernanda Ferro e Ignacio Márquez.La cena, que le permitió a Marc Caellas (Barcelona, España, 14 de septiembre de 1974) debutar como director, con actores cubanos y españoles, en la temporada del 2002 en Miami, ahora lo relanza en Caracas como un sobrio puestista, cuidadoso del trabajo actoral y un buscador de nuevas formas espaciales para la ubicación del público, aunque ya antes había remontado, a partir de la puesta en escena de Elizabeth Albahaca, en la temporada del 2006, el unipersonal La noche de Molly Bloom, con la participación de la Ferro, en los espacios del Centro de Creación del TET, allá en Los Chaguaramos.Se ha dicho que Manfridi escribió esta pieza por encargo de Walter Manfré para su Teatro de la Persona, el cual, según Caellas, “huye de las grandes iluminaciones, la espectacularidad y los efectos especiales, para concentrarse en el actor, el texto y el espectador”. Dicho en otras palabras, para el contexto venezolano, La cena es un regreso al casi olvidado teatro de la palabra, al de las acciones mínimas, al teatro del teatro, a ese que es como un papel carbón de la vida misma.En La cena, con una situación y unos personajes burgueses, tres seres humanos juegan a vivir sus vidas según sus reglas, sin importarles para nada el otro. Un padre celoso que desea lo mejor para su hija, pero que no le deja una elección y no le permite el error, aunque ese siempre llega y se repite; una hija libertina que quiere hacer su vida, a sabiendas que tiene un papá que la quiere y es dueño de una fortuna, y un amante-marido-novio que busca un braguetazo que le cambie la vida por un tiempo; también hay un ex marido, cabrón además, que funge de sirviente. Son, pues, cuatro seres atrapados en una espantosa telaraña, donde lo único con sabor a vida es el vino tinto que ellos y el público consumen casi nerviosamente.Las actuaciones son versátiles. Nada sobra ni nada hace falta. Todo está en su sitio y lugar. Es una ceremonia donde todo se ha preparado y espera su final, especialmente cuando el celoso padre quema los cheques para castigar al imbécil que su hija ha escogido como pareja. Hay, pues, una comunión casi de índole hiperrealista en cada uno de los personajes, algo que conmueve. Y eso se agudiza porque el espacio escénico y teatral es una gran mesa oblonga, para 25 personas, la cual en una de sus esquinas reúne al trío que trata de cenar, de consumir selectas viandas, pero que lo que hacen es envenenarse por sus dramas.Creemos que el público hubiese tenido una mayor y mejor participación en este evento teatral, no sólo bebiendo el vino tinto, sino que el espectáculo hubiese tenido otras características lúdicas y seguramente hasta un final mucho más dramático, si además hubiese consumido los mismos alimentos del terceto principal. Es casi seguro que uno o varios espectadores hubiesen dicho o participado en ese juego escénico, donde hasta el chulo (felizmente encarnado por Delli), porque de eso se trata, culmina semidesnudándose para complacer, inútilmente, al difícil suegro.ver http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/

Friday, August 19, 2005

LA CENA en Miami




Algunas imágenes del primer montaje de LA CENA, en Miami. Fue en junio del 2002
Crítica escrita para El Nuevo Herald

LA MESA ESTA SERVIDA por Norma Niurka

De manera desenfadada unos cuantos creadores se han juntado para hacer teatro en el Centro Cultural Español de Coral Gables, y el resultado ha sido algo tan seductor como valioso.
A Marc Caellas, un joven catalán que estudió cine y ama las artes, se le ocurrió desarrollar este proyecto cuando el director del CCE, Guillermo Basso, le pidió vincular el teatro a la actual exposición de Miralda, Sabores y lenguas: 13 ciudades, que relaciona diversas artes con la gastronomía.
Caellas echó mano a La Cena --una pieza escueta, pero llena de vericuetos, como un juego de ajedrez--, de un interesante autor italiano, Giuseppe Manfridi, desconocido aquí, respetado en su país. También escritor de radio y cine, Manfridi forma parte de una generación de dramaturgos deseosos de hacer regresar la palabra al teatro.
El director novel ha convertido un salón desnudo, carente de facilidades teatrales (sólo con las paredes adornadas fortuitamente por la exhibición de Miralda), en el ámbito perfecto para celebrar la cena con unos comensales imprescindibles: los actores y el público.
Los espectadores ingresan al salón oculto por una cortina y van ocupando las 26 sillas ante una mesa impecablemestida vestida de blanco, cubierta de pétalos de rosas. La evocadora música de Satie, una iluminación que hace milagros y el silencio del público (que asume con respeto la peligrosa proximidad con los actores), son cómplices perfectos de la puesta en escena.
Después que al visitante-espectador le sirven una copa de vino, comienza la ceremonia (cuyo realismo Caellas agudiza con el persistente aroma de la comida). Es el enfrentamiento de un padre y su hija, tras el suceso que los separó; con tantos dobleces y sorpresas que lo malévolo se nutre de lo sagrado a capricho del autor.
Manfridi sabe usar las palabras en justa medida y La Cena es un texto de ideas bien formuladas, con un tanto de suspense, a ratos simpático y a ratos cruel, y muy entretenido.
La selección del elenco es el mayor acierto de Caellas: cuatro actores de diversas formaciones y nacionalidades se interrelacionan a la perfección en esta cena de escenas. El director debutante ha tenido el privilegio de contar con una estrella del calibre de Carlos Cruz, en su primera aparición en la escena miamense luego de una brillante carrera teatral y cinematográfica en Cuba. Actor de excelente formación, controla sus movimientos y su voz con precisión, y cada uno de sus gestos y frases están cargados de intención.
Raúl Durán lo secunda con cierta afortunada ingenuidad; y completan el delicioso reparto, Estefanía Durán, una refrescante actriz española que debería apostar de una vez por el teatro; y el nicaraguense Christian Ocón, quien rinde una labor muy seria.
Sería una pena que este trabajo haya terminado ya, como se supone ocurra. La voz se ha corrido y todo el mundo quiere acudir a esta cena. El CCE ha añadido una función mañana, a las 8 p.m., pero eso no basta.La mesa está servida y este comentario pretende ser estímulo para que se sienten a ella por largo rato. Con sobremesa.