Friday, April 09, 2010



La Obra

¡Haberos quedado en casa capullos!
De manera insólita y sorprendente, esta obra sucede en cuatro escenarios del barrio La Macarena, en el centro de Bogotá. Treinta y cinco espectadores son invitados a realizar un recorrido por distintos lugares del barrio, el cual inicia en un rincón de un parque con un monólogo de Jimena Durán. La obra continúa en un restaurante, y allí, en la barra, Patricia Tamayo levanta la voz, con claros síntomas de ebriedad, mientras a su lado alguien duerme otra borrachera. Los espectadores siguen su camino hacia un edificio cercano y, desde la ventana de un apartamento en el segundo piso, son testigos de la aparición repentina de un hombre en la calle que da un discurso sobre las palizas que reciben los pordioseros o mendigos.

En el mismo apartamentoy cuando el tipo desaparece de la calle, un niño lee juiciosamente en la sala, mientras su padre, (nterpretado por Mario Duarte), le habla en un último monólogo, en el cual se entremezclan recuerdos de su niñez con una visión soberbia, irónica y pragmática que el padre tiene de la vida.

Una obra impredecible de formato fascinante.

Los directores

Manuel Orjuela C.
Nació en Bogotá en1971. Es maestro en arte dramático de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Bogotá. Ha dirigido I took Panama (codirección), Blanca nieves y los siete enanitos, El Inspector (codirección), La Impaciencia del corazón, Hombres en escabeche (codirección), Las Tardes de Manuela, Carta de una Desconocida y ¿Se siente usted bien?

En 2005 y 2006 dirigió ART y Pequeños crímenes conyugales, y acompañó en Barcelona, España, el proceso de montaje de Carta de una desconocida. Entre 2004 y 2008 trabajó como director de artistas de varios largometrajes: El Carro (dirigida por Luis Orjuela), La pasión de Gabriel (dirigida por Luis Alberto Restrepo) y Los viajes del viento (dirigida por Ciro Guerra).

En 2008 dirigió Simplemente el fin del mundo, en coproducción con el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Su última puesta en escena es Haberos quedado en casa, capullos en codirección con Marc Caellas.

Marc Caellas
Nació en Barcelona en 1974. Es gestor cultural, blogger y director teatral. Ha realizado diversos proyectos teatrales en Miami, Caracas y Bogotá.

Entre sus proyectos teatrales más importantes se cuentan: La cena (de Giuseppe Manfridi), La noche de Molly Bloom (de Sanchis Sinisterra), El amor de Fedra (de Sarah Kane) y 25 años menos un día, (de Antonio Álamo).

En Bogotá, codirigió Haberos quedado en casa capullos (de Rodrigo García), junto a Manuel Orjuela, y presentó Los críticos también lloran, en homenaje al fallecido escritor Roberto Bolaño.
La compañía

Asociación Lodhe
Creada en septiembre de 2004 como iniciativa del director Manuel Enrique Orjuela Cortés, la Asociación Lodhe tiene el fin de invitar a diversos actores a participar en cada montaje según los requerimientos y características específicas de cada obra y de cada actor.

Entre las producciones del grupo se destacan: La impaciencia del Corazón (2004), Carta de una desconocida (2005, presentada en España, Miami y Bogotá), Simplemente el Fin del Mundo, presentada en el XI Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, en el Ulster Bank Dublin Theatre Festival de Irlanda, en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, España, en Porto Alegre Em Cena, Brasil, y en Caxias Em Cena, Brasil; y Haberos quedado en casa, capullos, estrenada en Bogotá en 2008.

El dramaturgo

Rodrigo García
Nació en Buenos Aires en 1964, hijo de un carnicero y de una verdulera, españoles ambos. Escapó a su destino gracias al teatro y dejó Argentina para instalarse en Madrid. En España creó la compañía Carnicería Teatro, abrió la sala La Cuarta Pared y, desde allí, empezó a conquistar el mundo del teatro de vanguardia con obras como After Sun, Prometeo, Jardinería humana, Rey Lear, Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba y dos monólogos, Borges y Goya, que han sido representados en París, tanto en español como en francés.

"Siempre traté el teatro casi como un campo de batalla", dice Rodrigo García, consciente de que la violencia de sus piezas y el lenguaje crudo que utiliza en ellas hacen que se le considere a menudo como un provocador. El carácter político de su trabajo, el humor, la acumulación de objetos de la vida cotidiana, delirios y productos comestibles son algunos de los elementos recurrentes de un teatro que, a veces, integra elementos autobiográficos.

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