Thursday, May 03, 2007

EL AMOR DE FEDRA Artículo en El Univesal




El amor de Fedra": violencia para combatir la violencia

"El amor de Fedra" critica a la religión sin fe y sin espiritualidad (Oswer Díaz)
El montaje del TET se presenta hasta el próximo 29 de abril en el Country Club
Allí está el público, encerrado en la misma habitación donde Fedra se le insinúa sexualmente a su hijastro; en el mismo confesionario donde un sacerdote tratando de "salvar" el alma de Hipólito deja al descubierto la hipocresía de la religión sin fe. El espectador es testigo de un linchamiento, poco antes de ser botado como perro del lugar del crimen, tras el cual Fedra, su hija e hijastro, yacen sin vida en un ambiente en ruinas.
Es el espíritu humano. Un escenario de guerra. Se trata de un laboratorio donde el espectador es el ratón blanco.
El amor de Fedra (1996), de la dramaturga inglesa Sarah Kane (1971-1999), es un texto duro pero su puesta en escena lo es aún más. La escritora bebió de la tragedia griega y en su convulsión de muerte llegó a esta pieza que confronta al espectador con diversos temas de su consciente y subconsciente. Además, la puesta en escena del TET, bajo la dirección de Marc Caellas, deja entrever una crítica a los medios de comunicación, alienantes, superficiales, que explotan el morbo de los seres humanos.
Fedra (María Fernanda Ferro) está enamorada de Hipólito, su hijastro, para el común de los mortales un desadaptado social, un loco, pero con una capacidad impresionante de decir verdades que hieren. Estrofa, hija de Fedra, advierte a su madre sobre lo inadecuado de su amor, pero la pasión no sabe de excusas o de acciones políticamente correctas. Al ser rechazada por Hipólito (Alexander Letterni), Fedra acaba con su vida dejando una nota donde acusa al hijastro de haberla violado, lo cual culminará con el linchamiento del presunto criminal.
La propuesta del TET se inicia desde el momento en que el espectador aborda una camioneta por puesto hasta el lugar del montaje. De la realidad real a la teatral, de la violencia cotidiana a la violencia radical que busca exorcizarla, ponerla a la vista para que no acabe con el individuo.

El amor de Fedra se presenta los sábados y domingos a las 5:00 pm. Las entradas están a la venta en Esperanto del Centro San Ignacio, desde donde sale el transporte 15 minutos antes de cada función. Actúan también: Clarissa Sánchez y Ludwig Pineda.

Hipólito en su celda


Fedra en el cuarto de Hipólito




Fedra y Estrofa


Estrofa pinta


Fedra habla con el médico de la familia


Los policías, Xavier y Claudio


En una quinta del country club


EL AMOR DE FEDRA artículo en El Nacional


EL NACIONAL - Domingo 01 de Abril de 2007
Escenas/7

Suicidios, linchamientos, violaciones y asesinatos en una vieja mansión de Caracas
EDGAR ALFONZO­SIERRA

Pareciera que la línea más corta entre la tragedia clásica y la contemporaneidad está en la crónica roja. Es burdo decirlo, pero un caso extremo lo recuerda: una familia en un viejo caserón del Country Club fue aniquilada totalmente en sus propios venenos. Fedra, la nueva esposa del poderoso Teseo, quiso aplacarse sexualmente con el hijo de éste, Hipólito.Pero él –ocioso heredero, seductor, cínico y nihilista, un angélico maldito que dice todo lo que piensa y cuestiona la hipocresía social– la rechazó.Fedra, un personaje externo a ese medio, se venga consigo misma y con él. Comete suicidio y deja una nota en la que lo acusa de violación. La gente se indigna. La iglesia intenta redimir al joven, pero cae de rodillas ante su bragueta.Luego, la malaventura se derramará roja desde la escalera central de la mansión.El amor de Fedra, de Sarah Kane, una implacable revisión del relato canónico de Séneca, es adaptada a Caracas por Marc Caellas en una de las claves que ya presentara este director en su anterior pieza, La cena (Sala Plural, Centro Trasnocho Cultural, 2006): espacios no convencionales.Esta vez, una casa semiabandonada. La decadencia del lugar, sus implicaciones históricas, la clase que allí habitó se filtran en las acciones y hacen más compleja su lectura.La pieza se construye en cinco escenas a través de diálogos cortantes, secos, muy contemporáneos y un estallido final funesto. Dan vida a los personajes los actores María Fernanda Ferro (Fedra), Ludwig Pineda (Teseo, entre otros papeles que interpreta), Alexander Letterni (Hipólito) y los acompañan alumnos de los talleres de la agrupación Taller Experimental de Teatro. Su vestuario está a cargo del dúo Ghetto Creativo.Los artistas escriben que esta obra no es un entretenimiento culto sobre la tragedia griega, sino un quirúrgico acercamiento a la brutal realidad que, a través de medios de comunicación idiotas, ameniza la vida propia.La obra remite directamente a su autora Sarah Kane, un nombre fundamental en la dramaturgia británica. Suicida a los 28 años de edad (vivió entre 1971 y 1999), dejó una obra de 5 piezas para teatro y un cortometraje. Sufrió una compleja personalidad depresiva. Con El amor de Fedra descompone a la aristocracia y a la nobleza ingleses, y a través de ellos habla de problemas generales de su sociedad, comunes a todo ser humano.Kane, informa Caellas, aspiraría a ser como el Hipólito de su obra, un ser tan sincero como preclaro que no puede ni parece querer sobrevivir a un mundo en náuseas. No casualmente es un personaje al que a pesar de escupir en todas las caras, desde la baranda del espectador, se le perdona.
El amor de Fedra de Sarah Kane Dirige Marc Caellas
Actúan María Fernanda Ferro, Ludwig Pineda, Alexander Letterni y alumnos del TET
Del 1° al 29 de abril Sábados y domingos, 5:00 pm Bs 20.000 Entradas en la discotienda Esperanto Salida en transporte desde el centro comercial San Ignacio a las 4:45 pm Teléfono: 662 3633

Sunday, August 13, 2006

LA CENA por Carlos Herrera






LA CENA28/06/06

Bajo una producción independiente que cuenta con el apoyo del Centro de Creación Artística del Taller Experimental de Teatro (TET), con éxito abrumador de público y manteniéndose por espacio de tres semanas consecutivas, el joven director Marck Caellas ha venido mostrando en escenificando en El Espacio Plural del Trasnocho Cultural (centro Comercial Paseo Las Mercedes) su delicioso montaje titulado “La Cena” del dramaturgo y guionista de cine italiano Giuseppe Manfridi. La trama es sencilla en su lectura superficial: en el transcurso de una noche, a la espera de lo que será una inquieta velada, un ceñudo padre indica a su lúgubre sirviente, Fangio, sobre los preparativos finales que tendrá que acometer para la preparación de una cena. Esta tiene como características que más allá de su sobriedad es para generar el reencuentro con su hija, Giovanna quien, había abandonado tanto su a casa como su progenitor después de que este se incidiese y afectase en lo que había sido su primer matrimonio. En este regreso bastante tenso, la hija retorna con su nuevo esposo Francesco, un joven de clase social inferior que se ha contraído nupcias con Giovanna sin saber nada de su pasado. Llegados a la casa, la cena está lista y la trama se desenvuelve colocando en una máxima tensión a los cuatro miembros que estarán esa noche. En el juego de revelaciones, se observa como el calculador padre, siempre hermético y con un carácter perverso en su sus maneras lúdicas de hacerle saber los defectos a Francesco, hará que la verdad de Giovanna se devele. Un desenlace imprevisto será el producto de una serie de mensajes ocultos que lentamente son develados y todo el andamiaje de las interioridades de un sistema de relaciones intrafamiliares se desmorona ante los ojos atónitos del espectador que, a manera de invisible comensal, por momentos, tendrá en sus manos el decidir ¿quién tenía la razón o no en este extraño encuentro? y hasta de sorprenderse por la sinuosa madeja de relaciones subyacentes de poder, aceptación y revelación en una Cena como pocas. Un final trágico marca una urdimbre rebosante de absurdidad, humor negro y lógicas intelectuales. Caellas un atrevido amante del teatro ya había asumido la escenificación de esta pieza de Manfridi en la pasada edición de un Festival en la ciudad de Miami donde capturó la aceptación de público y obtuvo buenos comentarios de la crítica especializada. Su labor en un espacio no convencional fue pulcra en otorgarle el máximo peso a dos elementos: una carga de atmósfera de corte intimista donde luz, disposición del espacio y adecuación musical generan esa magnética sensación de que el espectador está departiendo con esta singular familia pero sin intervenir. También por la aguzada exigencia de trabajar con el grupo actoral para que con gestos, poses, miradas, silencios, dejos, y desplazamientos se conectase a la recepción de cada comensal-espectador. No hay concesiones gratuitas ni efectismos superfluos, cada actor genera un estado particular con sus diálogos y acciones que calladamente involucra al receptor. Caellas solo permite que veinticinco personas estén alrededor de una gran mesa y de ahí se integran al espectáculo. La esencia es que cada quien se magnetice, se interne en lo más profundo de los vericuetos de una historia que se va desgranando lentamente y que revela poco a poco se revela para crear hasta cierto grado de estupor en el horizonte de expectativa de cada quien. El ritmo de la puesta en escena es comedidamente pausado, a fin que lo orgánico o visceral de las verdades salgan a flote escena a escena y ello construye un todo significante que si lo vemos con detalle se origina de algo tan sencillo como una verdad oculta. La clave es que esta verdad sea revelada en tomo de suspenso y que la representación efectuada por cada actor la sepa colocar en su punto más álgido. La dirección apeló al lúcido desempeño histriónico de Alejo Felipe (como el padre) quien con grave acento y fuerza de voz así como una perversa manipulación de las situaciones sabe desplegar todo un abanico de interacciones con ese grave mirar sobre la conciencia receptiva de cada comensal / espectador. María Fernanda Férro (Giovanna) desenvuelta en la construcción como Giovanna, es parte cómplice de esa verdad que al final se revela. Ella con buena presencia y fluido ritmo expresivo también construye un personaje que es parte esencial de la trama. Antonio Delli -como Francesco- supo sacarle buen partido a su papel ya que pasa de ser un inocente y desprevenido invitado a ser catapultado al lúgubre juego de esas pasiones contenidas. Finalmente, la caracterización del sirviente Fangio dada por el excelente actor, Ignacio Márquez supo concretar esa imagen siniestra que sabe todos los vericuetos de una verdad que se va levantando y que a la postre dejará su marca en lo tragedia de cierre. Todos actores y dirección arman un trabajo de equipo artístico bien afiligranado donde el meollo del género del thriller se abre como oscura ceremonia de revelaciones. Montaje que funciona como un teorema ante nosotros. Una cena muy formal en su forma pero que no es obvia si es que se nos ocurre tratar de descifrarla a las primeras de cambio. Un espectáculo que “va más allá de ser un acomodaticio divertimento de fin se semana” y se propone como un encuentro de insospechadas vertientes para el público que espera algo fácil de engullir en eso que denomino el consumo facilista que muchas otros montajes tienen como recurso de primera mano. Caellas fue contundente en eso de exigirle a su plantilla actoral una aplomada capacidad de crear tensión, de levantar momentos álgidos en muchas escenas y de saber dosificar la función / acción de cada personaje como regulador de resolución de la trama. Con dos copas de vino, una hora y media de suspenso, La Cena se convierte en una impecable producción teatral que anima la cartelera teatral del fin de semana. ¡Vaya y convídese a este festín escénico! El espectáculo le agradará o lo desconcertará pero, eso si, no le permitirá salir apático. “La Cena” es una de las propuestas más atractivas y sugestivas que usted, amigo lector y espectador puede optar para este fin de semana. ¡Se la recomiendo!
Por: Carlos Herrera
critica@cantv.net

LA CENA por Alberto Soria

Publicado en http://www.mipunto.com/
La Cena, una obra de Giuseppe Manfridi ha llegado al teatro en Venezuela de manos de Marc Caellas, y beben vino a sorbitos en ella los actores, y con placer también los espectadores.
Caellas ya había montado La Cena en Miami bajo el aura de Antoni Miralda (el antropólogo de la comida, que el arte prestó a la cultura) con similar éxito de público, crítica y vinos. Ahora lo hace en el Trasnocho, del centro comercial Paseo Las Mercedes.
Se trata de una trasgresora obra de teatro de la persona. Como explican los críticos italianos, este teatro es aquél donde los actores en lugar de hablarle a los espectadores, lejanos y en auditorio, los tienen al lado y se dirigen a él como individuo.
Cuando el autor Giuseppe Manfridi escribió La Cena la imaginó como un espectáculo durante el cual no se oyera volar ni una mosca, sino, a intervalos, alguna previsible carcajada. Eso, estrictamente es lo que ocurre.
Los escasos veintidós espectadores que pueden participar en cada cena, beben vino con los actores, comedidamente, en pequeños sorbos, mientras tratan de imaginar el final que siempre los sorprende.La acción se desarrolla a medida que los platos se alternan en la cena, en la cual hace de anfitrión un padre astuto, irónico, que recibe con vajilla de honor y estruendo a su muy sexual hija acompañada por su nuevo novio, mientras un sorprendente sirviente los atiende, y sirve vino a su patrón y a los espectadores, cosa que por primera vez ocurre en el teatro en Venezuela. En la obra de un poco más de una hora de duración, el espectador tiene la oportunidad de disfrutar las interpretaciones del veterano primer actor Alejo Felipe (el padre), la personalidad y el atractivo de la actriz María Fernanda Ferro (la hija), la revelación de Antonio Delli (el novio), y la ingeniosa y sabia gestualidad de Fangio, el sirviente (Ignacio Márquez). La escenografía ha sido montada, con su tradicional irreverencia, por Nelson Garrido.
Alberto Soria

LA CENA en el Espacio Plural de Trasnocho Cultural





En el Espectador

Si las instituciones culturales no tienen un marcado crecimiento en cantidad, calidad y espacio están condenadas a desaparecer o quedarse rezagadas con sus vitales servicios a la comunidad, sean privadas o públicas u oficiales, y por ende su desaparición está anunciada o garantizada, ya que los colectivos crecen y piden o exigen no sólo más sino siempre lo mejor y no aceptan mediocridades. Y eso rige para todas las naciones desarrolladas o para las que van más atrás y pretenden alcanzarlas.El fantasma de que eso pueda llegar a sucederle a la Fundación Trasnocho Cultural no deja dormir a su gerente general Solveig Hoogesteijn y por lo tanto ella se las ingenia, cotidianamente, para que esa “burbuja” que mora en los sótanos del Centro Comercial El Paseo Las Mercedes siga en expansión y en función de la demanda de los espectadores y de los artistas que han transformado a dicho espacios en el Ateneo de Caracas del siglo XXI... y no es precisamente una cortesía.Ante esa “sana presión” que, desde hace cuatro años, están aplicando los teatreros para la creación de otra sala, diferente a la que se conoce como Teatro Trasnocho, donde se pueda exhibir un género de espectáculos alternativos ante los que anidan en la ya tradicional cartelera comercial, ahora sí se está utilizando un “espacio alterno” o “múltiple”, que además sirve para programar conferencias y talleres, como sala provisional de teatro. Ahí, precisamente, acabamos de ver el montaje La cena, de Giuseppe Manfridi (Roma, 7 de marzo 1956), puesto en escena por Marc Caellas y con los capaces y versátiles comediantes:Alejo Felipe, Antonio Delli, María Fernanda Ferro e Ignacio Márquez.La cena, que le permitió a Marc Caellas (Barcelona, España, 14 de septiembre de 1974) debutar como director, con actores cubanos y españoles, en la temporada del 2002 en Miami, ahora lo relanza en Caracas como un sobrio puestista, cuidadoso del trabajo actoral y un buscador de nuevas formas espaciales para la ubicación del público, aunque ya antes había remontado, a partir de la puesta en escena de Elizabeth Albahaca, en la temporada del 2006, el unipersonal La noche de Molly Bloom, con la participación de la Ferro, en los espacios del Centro de Creación del TET, allá en Los Chaguaramos.Se ha dicho que Manfridi escribió esta pieza por encargo de Walter Manfré para su Teatro de la Persona, el cual, según Caellas, “huye de las grandes iluminaciones, la espectacularidad y los efectos especiales, para concentrarse en el actor, el texto y el espectador”. Dicho en otras palabras, para el contexto venezolano, La cena es un regreso al casi olvidado teatro de la palabra, al de las acciones mínimas, al teatro del teatro, a ese que es como un papel carbón de la vida misma.En La cena, con una situación y unos personajes burgueses, tres seres humanos juegan a vivir sus vidas según sus reglas, sin importarles para nada el otro. Un padre celoso que desea lo mejor para su hija, pero que no le deja una elección y no le permite el error, aunque ese siempre llega y se repite; una hija libertina que quiere hacer su vida, a sabiendas que tiene un papá que la quiere y es dueño de una fortuna, y un amante-marido-novio que busca un braguetazo que le cambie la vida por un tiempo; también hay un ex marido, cabrón además, que funge de sirviente. Son, pues, cuatro seres atrapados en una espantosa telaraña, donde lo único con sabor a vida es el vino tinto que ellos y el público consumen casi nerviosamente.Las actuaciones son versátiles. Nada sobra ni nada hace falta. Todo está en su sitio y lugar. Es una ceremonia donde todo se ha preparado y espera su final, especialmente cuando el celoso padre quema los cheques para castigar al imbécil que su hija ha escogido como pareja. Hay, pues, una comunión casi de índole hiperrealista en cada uno de los personajes, algo que conmueve. Y eso se agudiza porque el espacio escénico y teatral es una gran mesa oblonga, para 25 personas, la cual en una de sus esquinas reúne al trío que trata de cenar, de consumir selectas viandas, pero que lo que hacen es envenenarse por sus dramas.Creemos que el público hubiese tenido una mayor y mejor participación en este evento teatral, no sólo bebiendo el vino tinto, sino que el espectáculo hubiese tenido otras características lúdicas y seguramente hasta un final mucho más dramático, si además hubiese consumido los mismos alimentos del terceto principal. Es casi seguro que uno o varios espectadores hubiesen dicho o participado en ese juego escénico, donde hasta el chulo (felizmente encarnado por Delli), porque de eso se trata, culmina semidesnudándose para complacer, inútilmente, al difícil suegro.ver http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/

Friday, August 19, 2005

LA CENA en Miami




Algunas imágenes del primer montaje de LA CENA, en Miami. Fue en junio del 2002
Crítica escrita para El Nuevo Herald

LA MESA ESTA SERVIDA por Norma Niurka

De manera desenfadada unos cuantos creadores se han juntado para hacer teatro en el Centro Cultural Español de Coral Gables, y el resultado ha sido algo tan seductor como valioso.
A Marc Caellas, un joven catalán que estudió cine y ama las artes, se le ocurrió desarrollar este proyecto cuando el director del CCE, Guillermo Basso, le pidió vincular el teatro a la actual exposición de Miralda, Sabores y lenguas: 13 ciudades, que relaciona diversas artes con la gastronomía.
Caellas echó mano a La Cena --una pieza escueta, pero llena de vericuetos, como un juego de ajedrez--, de un interesante autor italiano, Giuseppe Manfridi, desconocido aquí, respetado en su país. También escritor de radio y cine, Manfridi forma parte de una generación de dramaturgos deseosos de hacer regresar la palabra al teatro.
El director novel ha convertido un salón desnudo, carente de facilidades teatrales (sólo con las paredes adornadas fortuitamente por la exhibición de Miralda), en el ámbito perfecto para celebrar la cena con unos comensales imprescindibles: los actores y el público.
Los espectadores ingresan al salón oculto por una cortina y van ocupando las 26 sillas ante una mesa impecablemestida vestida de blanco, cubierta de pétalos de rosas. La evocadora música de Satie, una iluminación que hace milagros y el silencio del público (que asume con respeto la peligrosa proximidad con los actores), son cómplices perfectos de la puesta en escena.
Después que al visitante-espectador le sirven una copa de vino, comienza la ceremonia (cuyo realismo Caellas agudiza con el persistente aroma de la comida). Es el enfrentamiento de un padre y su hija, tras el suceso que los separó; con tantos dobleces y sorpresas que lo malévolo se nutre de lo sagrado a capricho del autor.
Manfridi sabe usar las palabras en justa medida y La Cena es un texto de ideas bien formuladas, con un tanto de suspense, a ratos simpático y a ratos cruel, y muy entretenido.
La selección del elenco es el mayor acierto de Caellas: cuatro actores de diversas formaciones y nacionalidades se interrelacionan a la perfección en esta cena de escenas. El director debutante ha tenido el privilegio de contar con una estrella del calibre de Carlos Cruz, en su primera aparición en la escena miamense luego de una brillante carrera teatral y cinematográfica en Cuba. Actor de excelente formación, controla sus movimientos y su voz con precisión, y cada uno de sus gestos y frases están cargados de intención.
Raúl Durán lo secunda con cierta afortunada ingenuidad; y completan el delicioso reparto, Estefanía Durán, una refrescante actriz española que debería apostar de una vez por el teatro; y el nicaraguense Christian Ocón, quien rinde una labor muy seria.
Sería una pena que este trabajo haya terminado ya, como se supone ocurra. La voz se ha corrido y todo el mundo quiere acudir a esta cena. El CCE ha añadido una función mañana, a las 8 p.m., pero eso no basta.La mesa está servida y este comentario pretende ser estímulo para que se sienten a ella por largo rato. Con sobremesa.